Rans

Siento envidia de la gente que conoce la fecha de cuando se hizo vegana. Yo no lo sé, no le dí la importancia que tiene. Dejé de comer animales cuando iba al instituto. Después me hice vegetariana estricta y dejé de utilizar todo tipo de producto animal, lo que algunos dicen ‘vegana’. Cuando alguien me preguntaba por qué no comia carne, siempre les contestaba que era porque creía que los animales tienen alma y sufren y utilizarlos me hacía sentir mal. Esa culpa no me permitía usarlos pero entendía que eso era una decisión mía, que cada cual con su conciencia…

 

Empecé a autoproclamarme vegana cuando vi el error que conlleva tratar el veganismo como una opción personal. Sentí la intolerancia hacia este maltrato animal como la sentí con el resto de animales humanos. Vi todas las implicaciones sociales y políticas y la necesidad de enfrentarse a esta opresión como a todas las demás.

Milité unos años en una asociación animalista en Barcelona. Busqué trabajos “éticos” o como mínimo que no conllevaran maltrato o uso de animales en ningún aspecto.

Conocí a Fani en una feria y fui siguiendo su proyecto. Siempre había querido escapar de la cuidad, vivir en la montaña, autogestionarme y montar una residencia canina, un camping…

Su proyecto me pareció el futuro perfecto para mi; poder rescatar vidas, concienciar, vivir de forma comunitaria, autogestionada y en un ambiente antiautoritario.

Me uní a Almas Veganas pocos meses antes de que entraran a vivir a sus tierras actuales y me mudé aquí un mes más tarde de la firma del contrato para la compra de los terrenos.

Fani me ha enseñado la importancia de la interseccionalidad de luchas, con las voluntarias he aprendido sobre huerto, bioconstrucción y todo lo que realmente importa para vivir y construir este hogar para rescatar el máximo de vidas posible.

Venir a vivir aquí ha sido la mejor decisión de mi vida y no lo cambiaría por nada.