Oso

Habitante del santuario animal

Oso nació el 18 de julio de 2011, pero su vida no se cruzó con la de Rans hasta febrero del 2016. Una mañana ella recibió un aviso de su madre de que habían encontrado un perro tirado en la calle, estaba en la esquina de un bar y parecía no poder sostenerse en pie. Le dijeron que era un perro “peligroso” y que se diera prisa en ir a recogerlo porque varias personas ya habían avisado a la policía para que fueran a buscarlo. Al llegar se encontró con un animal agotado que se negaba a andar pero no parecía estar herido.

Como pudo y con la ayuda de unos estudiantes del colegio de al lado de donde estaba, pudieron cogerlo en brazos y llevarlo a un par de veterinarios, ya que en la primera clínica a la que acudieron se negaron a reconocerlo por ser un perro desconocido que podría mostrar agresividad ¿?. Hablando con los estudiantes, la madre de Rans pudo averiguar cómo había llegado el perrete hasta allí. El chico que respondía por él se contradecía a veces en su historia; decía que lo había comprado, luego que se lo habían regalado. Lo que quedaba claro es que el pobre chico había intentado llevar a Oso a su casa pero sus padres le habían prohibido acogerlo. Y si, digo pobre porque lo explicaba con mucha pena. Se veía en su mirada que apreciaba a Oso, y que el sentimiento era mutuo.

Lo había llevado a casa la tarde anterior y al prohibirle sus padres la entrada a Oso, él había pasado la noche en la calle con él. Lo que le impedía a Oso ponerse en pie era el dolor por el desgaste de sus almohadillas plantares. Habían pasado la noche paseando y jugando juntos en la playa. Esto había sido demasiado para un perro que había vivido encerrado en una habitación por años sin apenas pasear. Su aspecto era el de un cachorro, un cachorro con una cabeza enorme. Parecía tener unos meses pero resultó tener casi 5 años. Su musculatura no se había desarrollado por la falta de actividad física. Todo esto lo supimos al leer la información de su chip.

Al contactar con su humana responsable ésta dijo a la veterinaria que “ese perro ya no era suyo, que lo había vendido por internet y ya lo habían ido a buscar”. Rans pudo hablar con ella y su respuesta final fue: “si quieres el put* perro, te lo regalo”. Pidieron cita en la misma clínica veterinaria para hacer el cambio de nombre lo antes posible. Al reencontrarse Oso con esa persona de la que había dependido 5 años, ni se puso en pie para saludarla. Ella se despidió de él con una frase que a Rans se le quedó grabada: “Hala, ya no te voy a oír llorar nunca más”.

Nunca se puso en contacto con Rans para preguntar por él. Contrariamente, el chico al que se lo vendió sí que acudió a casa de Rans para sacar a pasear a Oso en varias ocasiones.

Oso llegó al santuario en noviembre de 2018, junto a Momio y Rans. Desde entonces a vivido feliz. Le encanta pasear por el bosque y nadar en el río.

Tiene muy buen carácter, muy protector de las humanas. Tranquilo pero activo y muy, muy, muy goloso.

Su nombre anterior era Tyson, pero nunca le pegó un nombre tan contundente a este peluche de 45 kilos.

Llegada: Mayo 2015

Amadrinamiento: No tiene madrina. Quiero más información sobre como amadrinar a Oso

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